Reforma laboral

Consecuencias de una guerra laboral fabricada. El valor económico del trabajo.

 

Según un reciente anuncio, más de 10 empresas de la industrias maquiladora, manufacturera y automotriz abandonarán territorio mexicano a raíz de los conflictos obrero-patronales en Matamoros.

Aunque en la práctica se pretendía reformar el contrato colectivo de trabajo para obtener mejores condiciones de vida, estos paros mutaron en paros ilegales. Esto se debe a que, conforme a la legislación laboral vigente, una huelga debe ser aprobada por las autoridades laborales para ser licita.

¿Cuál es la razón de que vivamos una permanente guerra entre patrones y trabajadores en nuestro país?

La realidad es que nuestra legislación laboral surgió de la revolución social que vivimos a principios del siglo XX, una de las primeras de las muchas que se vivirían en la época. A más de cien años de la Constitución de 1917, se conserva aún la misma óptica. De hecho, toda regulación e intervención estatal en las relaciones laborales se sustenta en contraponer a trabajadores y patrones.

En Matamoros somos testigos de un esquema de perder-perder que sigue consagrado en nuestras leyes a perpetuidad, pues los trabajadores no solo perdieron la posibilidad de lograr mejores condiciones laborales sino que además se quedaron sin empleo.

Para sindicatos deshonestos y políticos sin escrúpulos, el trabajo no es sino una moneda de cambio para abusar de los menos afortunados. Lejos de constribuir a su bien, los hacen volcarse contra de la única entidad que puede generar riqueza y desarrollo. Es decir, la empresa. Nuevamente, estas fábricas se llevarán lucrativos negocios a otra parte como consecuencia de esta lucha artificial.

Cabe señalar que nosotros, como alternativa a las ideologías tradicionales, no creemos en el falso conflicto entre trabajo y capital. Urge cambiar la óptica tanto a nivel legal como cultura, pues el trabajo tendría que considerarse no solo en su dimensión social sino también en su dimensión comercial.

La negligencia contra el trabajador mexicano a cargo de un Estado que no concede al trabajo un valor real de mercado, no solo lo convierte en víctima sino que contribuye a ahogar por completo el desarrollo del país.

En cuanto a los empresarios, la carga obligacional, laboral y fiscal es más un desincentivo que un medio de compensación. Inclusive se transforma en una invitación para buscar formas cada vez más creativas de violar la ley y explotar al trabajador. Todo esto fortalece a las grandes corporaciones cuyos recursos les permiten recurrir a tales prácticas. Las empresas pequeñas y medianas llevan siempre las de perder.

No podemos tolerar más casos como el de Matamoros.

Es momento de exigir al Estado que abandone su política en cuanto a las relaciones laborales, para ser mediador entre trabajadores y patrones de acuerdo a una cultura de ganar-ganar, generando empleos, empresas y mejores condiciones de trabajo.

Los factores de producción deben buscar la riqueza en sincronía sin destruirse entre sí para que gobernantes pusilánimes lucren políticamente.

Ricardo Olivares

Related posts

La democracia pierde legitimidad ante la carestía.

Salvador Gonzalez Cadena

¿Y los trabajadores del NAICM? Consultas engañosas. Criterios partidistas.

ricardo

La reforma laboral, breves recomendaciones. El problema del trabajo en México.

Juan C. López Lee