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Expuestos a la infamia. Payasos, músicos y vendedores urbanos.

Por Mónika Garza

Frecuentemente llegan a los separos o a los reclusorios personas que se ganan la vida en la calle. Guitarristas, músicos, malabaristas, tragafuegos y payasos que desarrollan sus actividades en un ambiente urbano cada vez más peligroso.

Y al hablar de peligros no solo hablamos de la delincuencia o los accidentes callejeros sino de una atmósfera de elitismo y linchamiento contra quienes se ganan la vida en la calle.

Por desgracia, todos participan de esta fobia social, comenzando por las autoridades que constantemente extorsionan a los comerciantes o músicos callejeros. La alimentan en buena medida aquellos que desconfían con paranoia del trabajador urbano.

Participan también los medios de comunicación que de manera irresponsable alimentan esta fobia social.

El caso más reciente se dio en Ciudad Nezáhualcoyotl donde tres payasos que viajaban en una motoneta llevando globos y otros utensilios de trabajo, fueron arrestados por la policía en un hecho que se publicitó a nivel nacional.

“Tamborín” y “Tony Pekitas” fueron encarcelados mientras el gremio de los payasos reclama derecho a la justicia y a la transparencia.

Desatentiendo el derecho de todo ciudadano a la presunción de inocencia, los medios de comunicación afirmaron que se trataba de supuestos secuestradores de niños sin contar con información concreta, creando una versión propia de los hechos con comentaros amarillistas.

Sin embargo, ninguna de estas personas cuenta con antecedentes penales. Mas aún, los tres jovenes detenidos forman parte de los muchos payasos que reparten publicidad en diversos puntos de las grandes ciudades para ofrecer sus servicios de fiestas infantiles, convirtiéndose en blanco fácil para quienes pretenden dar un golpe mediático en medio de un creciente clima de inseguridad.

Se trata de compatriotas en completa indefensión, pues nacionalmente han sido ya juzgados por una prensa amarillista y carente de todo sentido de la ética profesional.

En un país como el nuestro, todo aquel que trabaja en la calle o que se emplea a si mismo, enfrenta un riesgo grave de ser arrestado, linchado o destruido en su honor por envidia, malos entendidos o ineptitud de las autoridades.

Hoy, tres payasos surgidos del proletariado mexicano han sido juzgados públicamente, satanizando también a todo un gremio de trabajadores de la calle. Mañana bien puede ser un agente de bienes raíces, algún promotor de excursiones o algún vendedor callejero de artículos electrónicos.

¿Dónde está la solidaridad del pueblo mexicano para con aquellos que se ganan la vida sin tener derecho a una legítima defensa o siquiera, a la presunción de inocencia?

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