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La pandemia económica ya estaba en marcha.

Para los políticos del sistema, la conocida consigna de #QuedateEnCasa ha servido como medio para legitimarse frente a los electores.

En medio de la pandemia, todos quieren ser los mas “responsables” y preocupados por la salud de los ciudadanos, acusando al contrario de no haber hecho lo suficiente para mantener en sus domicilios a las personas.

Unos y otros hablan de vez en cuando de los efectos económicos. Sin embargo, a pesar del clamor de la oposición para exigir al gobierno que solicite créditos internacinonales de emergencia en apoyo del empresariado, su discurso es engañoso.

Siendo honestos, tanto en México como en buena parte de Hispanoamérica, la enfermedad se encuentra circunscrita a ciertos círculos económicos dentro de las grandes ciudades.

Toda pérdida de vidas humanas es lamentable, pero lo que pasa en nuestro país es nada a comparación de lo que ocurre en Europa. Pese a la mala gestión en el sector salud, el colapso del sistema hospitalario es un escenario muy poco probable.

¿A quien quieren rescatar las confederaciones?

Ante la influenza, el gobierno de Calderón respondió con exenciones fiscales, créditos empresariales y un masivo programa de empleo temporal para reactivar el mercado interno que favoreció mas a los empresarios que a los trabajadores.

En dado caso, el crédito solicitado en el 2009 al Banco Mundial fue de apenas 205 millones de dólares y no representó una escalada masiva de la deuda externa.

Sin embargo, el rescate que exigen las confederaciones patronales busca evitar debacle de sectores que entrarán en crisis por los efectos de la pandemia en otros países y no en México.

Por poner un ejemplo, hace mucho que el gran turismo y la alta hotelería dejaron de beneficiar al ciudadano de a pie. En Puerto Vallarta o Cancún por ejemplo, los hoteles destinados al público extranjero ofrecen programas “todo incluido” que alejan al turista del mercado en las calles.

Las grandes cadenas tienen sus oficinas fuera del país, de modo que el dinero procedente de los otrora lucrativos hospedajes grupales en las playas mexicanas se paga allá y se queda allá.

En buena medida, las comisiones proporcionadas por las aerolineas son tan bajas que un agente de viajes mexicano gana mas ofreciendo hospedajes en Acapulco que gestionando un boleto de avion a la India.

La pandemia económica ya estaba ahí

Una de las críticas que se hace al gobierno mexicano reside en el hecho de que las medidas de contingencia iniciaron mas tarde que en otros países y se implementaron de forma mucho menos estricta.

Además, un importante número de mexicanos hizo caso omiso a las recomendaciones de salud, lo cual habría sido catastrófico en Estados Unidos donde hay mas de 85 mil víctimas. En México, con todo y la poca disciplina de la población, no superamos los 5000 muertes.

Si tomamos en cuenta que el virus se esparce mejor donde prevalece una agitada vida social con intercambio fluido de bienes y servicios, la escasa dispersión del virus en México bien puede explicarse porque la vida del país ya se encontraba parcialmente suspendida.

En principio, millones de personas se encuentran sin empleo y familias enteras viven a expensas de quién tiene la suerte de ser lo suficientemente viejo para recibir ayudas sociales del gobierno.

La informalidad condena a los jóvenes a una situación de precariedad. Muchísima gente abandona sus empleos al no poder cubrir el costo de sus pasajes y en el caso de las mujeres el problema se complica ante el riesgo de ser asaltadas o violadas.

En muchos lugares, las mafias del crimen organizado imponen “toques de queda” de forma regular. En algunos casos, los negocios solo pueden operar unas cuantas horas al día. En resumen, el pueblo mexicano no es en modo alguno a los confinamientos, que desde hace años son cosa cotidiana.

México ha sufrido menos la pandemia que otros países. Sin embargo, a los políticos solo les importa su popularidad. No olvidemos que a lo largo de la historia, tanto las pandemias como las guerras han fungido como catalizador para acelerar la destrucción de una economía en recesión e impulsar su reconstrucción.

Por desgracia, la epidemia ayuda al sistema político corrupto porque sus esbirros podrán culpar a la contingencia de un desastre económico que de todos modos hubiese llegado.

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