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México ante un posible conflicto en Taiwán

Tras el derrocamiento de la monarquía china, el padre de la China moderna, Sun Yat Sen, desarrolló una teoría nacionalista que tenía por objeto construir un país independiente y no alineado, que pudiese unificar a todos los chinos en una sola patria.

Pero en los años que siguieron a la revolución China, el país se vio enfrascado en una cruel Guerra Civil, seguida de la invasión japonesa en la Segunda Guerra mundial.

Tanto el Kuomintang de derecha cómo el movimiento comunista de Mao tsé-tung se consideraban herederos de los ideales de Sun Yat Sen, pero a pesar de los bloqueos del mundo occidental fueron los comunistas quienes prevalecieron.

Chiang Kai Sek del Kuomintang y el comunista Mao Tse Tung se unieron para combatir a los japoneses.

Enfrentando toda clase de obstáculos, además de la mala gestión económica de Mao tsé-tung y los desastres causados por su revolución cultural, la China continental logró sobreponerse.

Por su parte, la facción del Kuomintang que perdió la guerra, reducida casi a la nada, terminó refugiándose en la isla de Taiwán, con resultados económicos bastante sobresalientes, que sin embargo no fueron suficientes para convertir al modelo taiwanés en una alternativa real para la China continental.

Hasta hace algunas décadas, algunos ancianos -casi todos ex combatientes de guerra- aún ostentaban cargos de honor en el gobierno taiwanés, diciendo representar a la totalidad del pueblo chino.

Sin embargo, hace mucho que esta ficción terminó. Tras las reformas liberales implementadas por Deng Tsiao Ping, el proyecto de la China roja triunfó de forma indiscutible.

México ante una probable invasión de Taiwán

Desde los setentas, casi todos los gobiernos del mundo han reconocido al gobierno de la República Popular China, cuyo proyecto nacional prevaleció hasta hacer de su país una potencia económica y militar.

Podemos estar en desacuerdo con el actual gobierno de la República Popular China y debemos rechazar su imperialismo económico y financiero.

Pero en dado caso, lo que a nosotros nos atañe es combatir el contrabando de baratijas chinas para salvar la industria nacional y rescatarla de la destrucción.

Si rechazamos la ocupación china del Tíbet como injusta e ilegítima por negar a los tibetanos su realidad nacional, debemos entonces aplicar este mismo precepto al caso de Taiwán asumiendo que la unificación del pueblo chino es un hecho legítimo.

La probable anexión de Taiwán a la República Popular China compete entonces al pueblo chino exclusivamente. No a Estados Unidos ni a ningún otro país.

Pueblos de un mismo origen deben estar unidos bajo una patria común. La facción del Kuomintang que ocupa Taiwán, jamás logró respaldo en ese sentido.

Y si la bandera china llegase a ondear sobre la isla de Taiwán logrando la unificación de su pueblo, debemos tomar tal cosa como un aliciente para que la nuestra haga lo propio en Centroamérica y en toda la patria mexicana, tal y como alguna vez existió.

Pueblos de un mismo origen deben estar unidos bajo una patria común.

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