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Separatismo y odio al sexo opuesto. Otro engendro moderno.

Es común que a los feminismos conocidos como de tercera ola o de cuarta ola, se les critique desde la derecha por extrapolar un odio visceral hacia el sexo opuesto. Sin embargo, desde la izquierda también se les critica por haber apostado por la separación y no por la integración, que hasta hace unas décadas era una aspiración general de las democracias modernas.

Claro está, que los feminismos en el plano de las ideas deben ser analizados sin apasionamientos. Debemos separarlos de la “psicología” de quienes vandalizan las calles y tratarlos con la seriedad que ameritan estas corrientes de pensamiento tan propias de la modernidad.

Sin embargo el separatismo y la desconfianza colectiva hacia el sexo opuesto ya no es cosa de mujeres. En el campo masculino tenemos a los men going their own way (“hombres que jalan por su lado” o MGTOW) y a otros colectivos urbanos.

Como era de esperarse, estos grupos comparten ideas libertarias, anarcocapitalistas y antiestatistas, aunque constituyen un polo centrista o mas bien pasivo dentro del campo libertario.

Mientras que Agustín Laje apuesta por un conservadurismo individualista y Gloria Alvarez se decanta por la reivindicación del gozo individual, los MGTOW coinciden con la parte anti estatista sin comprometerse con una postura determinada.

También habría que decir que el movimiento MGTOW no tendría sentido sin el ambaje egoísta que rodea al capitalismo globalizado, que en las profecías del positivismo francés terminó convertido en la última etapa de la evolución del ser humano, o en vocabulario mas actual, en el fin de la historia.

Por eso no es de extrañarse, que en el manifiesto fundacional de esa tendencia urbana, se mencione la necesidad de “inculcar la masculinidad en los hombres, la feminidad en las mujeres para progresar hacia un gobierno limitado”. 

“Al inculcar la masculinidad en los hombres, hacemos que los hombres sean autosuficientes, orgullosos e independientes. Al inculcar la feminidad en las mujeres, las hacemos atentas, solidarias y responsables. Al progresar hacia un gobierno limitado, estamos trabajando por la libertad y la justicia.” MANIFIESTO MGTOW.

Estas nuevas tendencias buscan reformular los viejos espejismos cientificistas y positivistas sobre el progreso, la libertad y la evolución, pero en un contexto cambiante e impredescible.

Una falsa disidencia social al estilo de la alt right

Los MGTOW, al rechazar de tajo los roles tradicionales atribuidos a los hombres, y alentar a una separación total frente a las mujeres, terminan erigiéndose en un deformado espejo de los feminismos actuales.

Mientras las feministas en las calles pretenden identificarse, conciente o inconcientemente, con el prototipo del hombre machista, que defiende la promiscuidad y la violencia en nombre de los supuestos privilegios de su sexo, los colectivos libertarios masculinos reivindican para el hombre un rol semejante al que el feminismo de la primera ola, buscaba dar a las mujeres. Es decir, el de un individuo exitoso, bueno para los negocios, autónomo, indiferente a la política y netamente enfocado a una vida frívola y sin demasiados compromisos.

A diferencia de los feminismos de ahora, estas tendencias de la manósfera no cuentan con demasiados seguidores ni se encuentran respaldadas por fundaciones millonarias y esto es bastante comprensible.

En efecto, el conjunto de la población masculina en el hemisferio occidental se encuentra demasiado dañado en su mentalidad y en su economía como para representar un peligro social para el sistema mundial. 

Si eso es verdad, es indudable que estos movimientos sólo serían financiados en caso de que los hombres de las nuevas generaciones realizaran algo más constructivo, pero eso no quiere decir que debamos ignorarlos o que no debamos denunciarlos como lo que son. 

El feminismo en las calles odia al varón de manera pública y abierta. Los masculinismos nuevos odian a la mujer de forma encubierta. Esa es la solución que proporcionan aquellos que no se sienten capaces de atraer al sexo opuesto y desarrollar relaciones sanas más allá de lo sexual.

En dado caso el auge de estos colectivos es consecuencia del triunfo progresista en el modelo educativo. Son la cara visible de quienes asumen que la invisibilización o exclusión social del varón es un triunfo de la modernidad.

Una psicología personal dañada, un individualismo extrapolado

Los hombres y las mujeres que apelan por un separatismo total entre los sexos no siempre admiten su odio por el sexo contrario o prefieren encubrirlo bajo la premisa de que se debe tomar distancia por desconfianza, pero eso no es sano. Más bien, es típico de las personas psicológicamente traumatizadas, o de aquellos que buscan aprovechar los traumas de otros para sacar ventajas políticas.

En efecto, muchas feministas y todavía más masculinistas esconden complejos e inseguridades. Su incapacidad para relacionarse con personas del sexo opuesto o de cumplir con sus expectativas, más allá de algún encuentro sexual ocasional, justifica su separatismo.

No aplica aquí lo que Ernst Junger decía acerca del anarca como individualista positivo, sino lo que dijo José Ortega y Gasset acerca de las personas que no se valoran a si mismas.

Frente a esta disyuntiva, los nacionalistas debemos entonces estar alertas frente a falsa dicotomía que busca revertir una lucha ganada a favor de la integración de los sexos. 

Debemos plantar cara a quienes desde el feminismo o el masculinismo apuestan por establecer una sociedad separatista, pues a diferencia de lo que sucede en Arabia Saudita, estas formas no provienen de ninguna tradición tribal o nacional con legitimidad histórica.

Es deber de todos nosotros combatir, en primer lugar a la derecha alternativa y libertaria. Esta es, en todos sentidos, un caballo de Troya al servicio de la gran finanza internacional y de los parásitos saqueadores de todos los pueblos.

Un socialismo nacional o un nacionalismo social que no es colectivista y basa su discurso en la defensa de un derecho individual, no es lo que dice ser. Es una estafa.

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